viernes, 12 de noviembre de 2010

El revisionismo comercial en la región y la nueva agenda de los Gobiernos

Hasta fines de la década del 70, el crecimiento latinoamericano se basó en la negación del comercio como estrategia de crecimiento. Se creció, sí, pero no sobre la base de un modelo sustentable porque la premisa parecía ser la protección de las industrias nacionales respecto de la importación.

Con muy baja tasa de inversión en tecnología para bajar los costos de producción, más el intervencionismo gubernamental, se entró en los 80 con severas crisis fiscales y una productividad prácticamente estancada.

Cierta mejora hubo, es cierto, con las aperturas unilaterales posteriores porque implicó, del aislacionismo del que se venía, una incipiente participación (o un regreso) en el comercio internacional y el retorno del crecimiento.

La historia comercial latinoamericana demostró que los extremos (cierre de fronteras para proteger las industrias locales, y apertura generalizada a las importaciones) no son sanos: permiten a corto plazo mover las agujas, pero si no se toman medidas de largo aliento el crecimiento logrado no se puede sostener.

La apertura de los 90 dejó como resultado que los sectores que estuvieron más expuestos al comercio internacional tuvieron un desempeño productivo relativo mejor que los sectores protegidos. Siempre en comparación con el estancamiento de la década anterior.

Hubo de hecho cierta diversificación de las exportaciones, dato que los especialistas destacan como estratégico para no depender de la volatilidad del precio de los commodities. Nuevamente, para hacer sostenible esta nueva situación, la participación en la economía internacional no debe provenir sólo del comercio exterior, sino de un mayor ingreso de los capitales externos que financien la innovación y el agregado de valor.

Sigue vigente, no obstante, la pregunta sobre si la apertura comercial funciona. Los organismos multilaterales de desarrollo económico y de crédito “vendieron” la idea de la apertura comercial irrestricta en los 90 como modelo de crecimiento productivo y desarrollo.

Pero en el mismísimo Banco Interamericano de Desarrollo (BID) comenzaron algunos teóricos a reflexionar, con algo de revisionismo histórico, respecto del aperturismo. Y señalan que no existe evidencia empírica ni teórica que sostenga que la apertura comercial pueda resolver todos los problemas de desarrollo en América latina.

Tal vez fue un error de los gobiernos. Tal vez no impusieron normas de control y dejaron todo librado al “azar de los mercados”. Nada reemplaza al rol del Estado, a los buenos gobiernos e instituciones.

Y en este punto, cada Estado debe ser consciente sobre los costos que enfrenta el comercio. Durante mucho tiempo, la única política activa oficial respecto del comercio fue negociar barreras arancelarias. En el nuevo comercio, las barreas están en los nuevos costos: aduanas ineficientes, limitado acceso a la información comercial y un crédito esquivo.

Los gobiernos tienen una nueva agenda para intervenir: no tanto del lado de la protección, sino de la facilitación comercial, de la simplificación de los trámites que hacen al comercio y de la regulación de los servicios de transporte. Hoy, si se deja que los fletes se fijen afuera, por más que se hayan eliminado los aranceles, nuevos costos encarecerán el comercio.

Un ejemplo: en una exportación desde América del Sur a los Estados Unidos, el 20% del valor de esa venta está explicado por tiempos operativos y fletes, y sólo el 8% por los aranceles.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Las pymes, los bancos y el necesario desarrollo estructural

Aprovechar la coyuntura para dar lugar al postergado desarrollo estructural socioeconómico, de forma orgánica, en toda América latina. Ese fue el mensaje que escucharon más de 1500 ejecutivos de bancos de 45 países latinoamericanos, europeos y asiáticos, que se dieron cita en Punta del Este, Uruguay, a principios de noviembre, para celebrar la 44° Asamblea Anual de la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban).

Imposible fue aislarse o dejar de comentar el tendal que dejó la crisis y que tuvo al sistema financiero como lastimoso protagonista. No obstante, y a partir de la fuerte presencia latinoamericana –una de las pocas regiones que creció en 2009, y que lo sigue haciendo en 2010, a razón de 5,2% según las últimas cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)-, los discursos tendieron a mirar más hacia el futuro.

La región está mejor de lo que pudo estar nunca”, señaló el secretario general iberoamericano, Enrique Iglesias, al tiempo que pidió moderar tanto las visiones optimistas como las pesimistas.

Bancos y América latina tienen algunas asignaturas pendientes. El acceso masivo al crédito para las pequeñas y medianas empresas (pymes), a tasas razonables, plazos generosos y cláusulas no restrictivas es una realidad que se le niega a la región.

Las pymes son el motor de las economías desarrolladas. Son las que generan mayor cantidad de empleo. Y son el sinónimo de valor agregado, innovación y flexibilidad en comparación con las megaempresas.

Podrá haber diferencias en su categorización (cantidad de empleados, facturación) a lo largo del globo, pero lo común en Italia, España, incluso Estados Unidos y América latina, es que las empresas de menor porte son las que hacen más virtuosa la economía.

No obstante, su acceso al crédito, en países como la Argentina, por ejemplo, no es sencillo: continúa instalada la costumbre de pedir las “historias crediticias”, los balances, para abrir una carpeta, en lugar de flexibilizar el juicio sobre cómo se hicieron las cosas en el pasado para priorizar, en cambio, las proyecciones de negocios, la prospección futura que tiene el empresario que acude al banco para capitalizarse.

En el pasado, los bancos han preferido financiar al sector público (a los distintos gobiernos) o incluso compiten por financiar el consumo masivo. Pero la banca de desarrollo económico, que inyecte fondos blandos (y ayude a las pymes a capacitarse para poder aplicar a los mismos) no está extendida salvo contados casos.

Esto podría amenazar el gran futuro inmediato que tiene la región de la mano del ciclo de crecimiento que está protagonizando.

Por ahora, la gran demanda internacional tracciona las economías latinoamericanas.

Pero es necesario que estas economías tomen movimiento propio. Lograr que la oferta “empuje” con más fuerza y vigor de lo que la demanda “arrastra”.

En esto reside la diferencia entre que vengan a comprar y salir a vender. Y en este sentido, los bancos tienen un rol fundamental, necesario e irremplazable en las inversiones productivas.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

La realidad mediterránea de Bolivia y Paraguay

Sin dudas la realidad “mediterránea” de los países puede ser una contra a la hora de desarrollar su inserción internacional a través del comercio exterior.

La historia, además, está llena de casos de “naciones-potencias” gracias a sus poderosas flotas. Los barcos no sólo eran armas de guerra y colonización, sino “canales” de comercio exterior. De ahí el concepto de “marina mercante”. Lo son aún hoy: en todo el mundo, el 90% del comercio se materializa por vía marítima.

Para aquellos a los que la naturaleza, la política y la historia les reservó una ubicación mediterránea, la logística del transporte es un desafío todavía hoy. Las naciones más avanzadas desarrollaron al máximo la navegación interior fluvial para llegar a los puertos de sus vecinos con costas oceánicas.

En América latina, Bolivia y Paraguay, corren esta suerte de encierro. Una parte importante de la pobreza estructural tiene que ver con los mayores costos que enfrenta su comercio exterior.

Bolivia y Paraguay, no obstante, tienen hoy con qué llamar la atención: las reservas de litio del primero (el 50% de las reservas globales) hacen que desde las automotrices hasta las compañías de software operen de manera proactiva para lograr sacar ese insumo rápido y de la forma más barata posible; y Paraguay viene desarrollando una agricultura eficiente de forma muy rápida, y se está posicionando además como proveedor de carne de peso.

Una institución que tal vez no tiene toda la prensa debida en América latina es Iirsa, la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana, que funciona en el seno del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y analiza a fondo las necesidades de desarrollo de los pueblos latinoamericanos.

Con financiamiento disponible, pero que otorga según las prioridades, Iirsa podría hacer los esfuerzos necesarios para viabilizar la construcción de un puerto de aguas profundas en el Uruguay, en el marco del Urupabol (Uruguay, Paraguay y Bolivia), una mesa de debate donde se trató el tema a nivel de cancilleres.

Uruguay, lo dijimos aquí varias veces, quiere posicionarse como el enclave logístico por excelencia del Mercosur, y enriquecerse con la provisión de este tipo de servicios. Y su ubicación es clave, gracias a la hidrovía Paraná-Paraguay y al río Uruguay, para poder funcionar como autopista para la entrada y salida de productos a Bolivia y Paraguay.

lunes, 1 de noviembre de 2010

El rol de las aduanas en el comercio exterior

Son muchos los andariveles por los que viaja el comercio exterior de un país.

Está, por ejemplo, el principal, que tiene que ver con la política que define cada Estado: promover una canasta de sectores, con ayuda financiera y protecciones arancelarias.

Está el otro, que tiene que ver con la cultura crediticia de cada mercado: no hay proyecto empresario exportador que pueda sustentarse eternamente sobre la base del autofinanciamiento. Sin bancos ni mercado de capitales, con líneas innovadoras y avales suficientes, la escalada productiva se complica.

Está aquel que tiene que ver con la infraestructura física y la correcta instrumentación de las políticas intermodales: sacarle el jugo a los distintos modos de transporte, a los más eficientes por modo, distancia y tipo de cargas (por ejemplo, los granos por vía marítima; las frutas perecederas, por avión). Y la inversión en rutas, vías y dragados.

Y por último, y casi volviendo al primer punto, está el de la facilitación del comercio: a menos trámites burocráticos, instancias de permiso y autorización y mayor tratamiento “espejo” (regional/global) entre los distintos departamentos gubernamentales que hacen a la entrada y salida de productos, más facilitación del comercio.

En este sentido, las aduanas de los países cumplen un rol clave. Hay países que aprovechan estas dependencias como meros organismos recaudatorios. Otros, que potencian su rol de control de la evasión, el fraude marcario y la lucha contra el narcotráfico.

En realidad, las aduanas tienen que cumplir con todos estos roles y, encima, hacer fluido el movimiento de mercaderías, casi como socios de los importadores y exportadores.

En estos días, los agentes de aduanas de 20 países de América latina, España y Portugal se reunieron en Lima, Perú, para buscar los mecanismos de acuerdo para integrar en tiempo real la información de comercio exterior.

Fue durante la 41° Asamblea General de la Asociación Internacional de Agentes Profesionales de Aduana (Asapra). Allí, el secretario general de la Organización Mundial de Aduanas (OMA), el japonés Kunio Mikuriya, sostuvo que las autoridades aduaneras deben cooperar con el sector privado para crear una red global que permita el ahorro de los extracostos, facilite el intercambio de mercaderías y, a la vez, garantice la seguridad de las operaciones.

jueves, 28 de octubre de 2010

Brasil y su segunda ola de exportaciones

Brasil ascendió al 8° lugar en el concierto de naciones más poderosas. Se dijo mucho de su creciente papel de líder global y su rol entre los emergentes. Y una mirada detallada de su comercio exterior sorprende y convalida este ascenso sostenido de la principal economía latinoamericana.

Entre enero y septiembre, las exportaciones de Brasil a sus vecinos regionales crecieron un 40%, una cifra por demás sorprendente.

Mientras el análisis económico tradicional señala que América latina es “fábrica” de commodities, hecho que le permitió sortear exitosamente la crisis de 2009 a partir de la acumulación de reservas generadas con la exportación de materias primas a altos precios, Brasil responde con argumentos más bien industriales.

Sucede que los envíos que hizo en la región tuvieron un fuerte basamento en la industria automotriz, que pasó de ventas por 3900 millones de dólares entre enero y septiembre de 2009 a exportaciones por 7400 millones en el mismo período de este año.

La poderosa industria automotriz brasileña–hay que aclararlo- tiene con la Argentina un modelo de complementación e integración productiva: por ejemplo, Brasil fabrica más volumen de autos chicos y la Argentina fabrica menos, pero de autos de más valor y más grandes (el Corolla de Toyota en Brasil; la Hilux en la Argentina).

En tanto, las ventas externas regionales de maquinaria y herramientas pasó en el mismo período de 2400 millones a 4200 millones y las previsiones brasileñas indican que cerrarán 2010 con ventas totales por una cifra muy cercana a los 200.000 millones de dólares.

América latina es, para Brasil, el mejor terreno de ensayo de su amada política industrialista. Mientras la región convalida su potencial, Brasil se prepara para una segunda ola de exportaciones –globales esta vez- con la que busca revertir un papel que parece predestinado a las economías latinoamericanas: las exportaciones de materias primas y la importación de manufacturas industriales.

lunes, 25 de octubre de 2010

La década de América latina

Justificar a ambos ladosMientras usted lee estas líneas América latina está siendo protagonista de un fenómeno histórico: la fortaleza de sus monedas frente a un dólar debilitado.

¿Qué explica este fenómeno? Descartadas las explicaciones macroeconómicas monocausales –y con cierto reduccionismo también- lo cierto es que las administraciones latinoamericanas hicieron muy bien los deberes y cuidaron mucho sus cuentas respecto de un Estados Unidos que hizo todo lo contrario.

Asimismo, toda vez que el dólar se va debilitando, los precios de las materias primas agrícolas (soja, maíz, trigo), industriales (cobre) y minerales (mineral de hierro) suben. Lo cual no deja de ser una excelente noticia para un subcontinente que tiene en su cartera estos commodities, aspirados por economías como las asiáticas que poco sintieron la crisis.

La duda de los “inversores” -más bien, los especuladores de los mercados que rondan husmeando por los activos cuyos precios hayan caído para comprar barato- es si esta situación es coyuntural, o llegó para quedarse por lo menos por un tiempo.

Los tomadores de decisiones -de las estratégicas, no de las oportunistas- se inclinan por la presunción de que la presente década “va a ser la de América latina”.

¿Qué sostiene esta premisa? Que las grandes olas de crecimiento sostenido vendrá por el lado de los mercados latinoamericanos, y por otra gran región olvidada: Africa.

Estados Unidos y Europa, en los próximos años, tendrán un crecimiento muy bajo, según sostienen los analistas. Europa podría estar más complicada aún: acostumbrados sus habitantes a un sistema de pensiones de “primer mundo” con jubilaciones a edades más tempranas, con una muy baja tasa de natalidad (menos trabajadores aportantes al régimen) y encima con una política migratoria restrictiva (menos trabajadores, en general), está frente a la necesidad de un mega ajuste estructural galopante.

Esto no es bueno para los que tienen a Europa como principal cliente de sus exportaciones. Los mercados latinoamericanos han aprendido que “varios huevos en varias canastas” en la mejor estrategia para no sufrir las oscilaciones violentas de las crisis externas.

La vinculación creciente de América latina a las economías asiáticas fue un aliciente en la crisis, y permitió fuertes tasas de crecimiento. No pocos economistas especulan con que así como Inglaterra “desarrolló” economías como la argentina a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, China hará lo propio en el siglo XXI.

Si las cuentas están en orden, si no se descuida, sobre todo, las políticas sociales (que distinguen también este presente latinoamericano), y si se capitaliza la experiencia para lograr advertir una posible repetición de errores pasados, nada parece poder quitarle a América latina su rol protagónico en esta presente década, y en las próximas.

jueves, 21 de octubre de 2010

El rol de las agencias de promoción de exportaciones

¿Cómo convencer a los distintos parlamentos de que reservar una partida dentro del presupuesto para las tareas de promoción de exportaciones es una inversión rentable?
Esta pregunta suele desvelar a los titulares de las agencias de exportación, que año tras año, deben refrendar sus argumentos sobre por qué es importante promover los productos argentinos en terceros mercados.
Es que para quien está en el tema del comercio exterior, es una verdad inobjetable que hay que diferenciar las ventas, buscar más mercados, “desprimarizar” las exportaciones, buscar clientes que aprecien el nivel de valor agregado que tiene la oferta propia, buscar esos nichos que por tamaño de mercado o por cultura son “desatendidos” por las grandes máquinas exportadoras mundiales.
Aún así, para el común de la población, exportar es un verbo lejano. Lo que hace que “promover” esa exportación sea algo todavía más lejano.
Consciente de la necesidad que tienen las economías latinoamericanas de desarrollar sus economías invirtiendo en innovación y tecnología para desarrollar productos con marca, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se propuso analizar el impacto que tienen las agencias de promoción de exportaciones latinoamericanas y cómo impacta, precisamente, en la performance exportadora.
Lo más interesante del estudio, realizado por Christian Volpe, fue notar cómo cada agencia se adapta el entramado productivo y empresarial de su país, y cómo otras se comportan de manera un tanto más espasmódica mientras recorren el camino hacia una coordinación más eficiente de sus esfuerzos de promoción.
“Los organismos de exportación de Chile, México, Colombia y Costa Rica tienen representaciones propias en el extranjero, mientras que otros países como Argentina, Perú y Uruguay recurren a sus respectivas embajadas y consulados. La apertura de una oficina de promoción de las exportaciones en el extranjero se traduce en un aumento de las exportaciones 5,5 veces mayor que el establecimiento de una nueva embajada o un consulado a cargo de esa tarea”.
Esta observación está incluida en el libro “Odisea en los mercados internacionales”, que se presentará en Buenos Aires el 2 de noviembre, en la sede del BID.
Volpe señala que en promedio los organismos de exportación de la región han generado exportaciones adicionales en 47 sectores económicos, mientras que las representaciones diplomáticas en el extranjero lo hicieron en sólo 12 sectores.
“Esto es especialmente cierto para productos con valor agregado, tales como zapatos o maquinaria especializada”, agrega el informe.
Confirmada entonces la eficiencia de las agencias de promoción de exportaciones en su función de “trampolín” hacia terceros mercados de las empresas (sobre todo, de las pequeñas y medianas), el BID evaluó resultados entre 2000 y 2007 en las tareas de difusión de productos que realizaron los organismos de Perú, Costa Rica, Uruguay, Chile, Argentina y Colombia.
En Perú, por ejemplo, la tasa de crecimiento de las exportaciones fue 17% más alta para las empresas que contaron con la asistencia de Prompex/Promperú. En Costa Rica, a su vez, las empresas que venden productos más sofisticados en el extranjero y que recibieron asistencia de Procomer mostraron tasas de crecimiento de las exportaciones y del número de países de destino 15% y 8%, respectivamente. Asimismo, en la Argentina, las pequeñas empresas que recibieron apoyo por primera vez registraron, en promedio, tasas de crecimiento de sus exportaciones 14% mayores.