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viernes, 3 de septiembre de 2010

Sobrecostos logísticos

La naturaleza del transporte es estar en movimiento. Cualquiera sea el modo del que se hable –barco, tren, camión, avión- siempre y cuando esté en movimiento genera facturación. Por definición, si está parado, pierde plata.

De Brasil, por ejemplo, se habla mucho de lo bien que está su economía, de cómo el mundo ve a una economía latinoamericana en franco crecimiento y como potencia mundial indiscutida en cuatro décadas. Pero muy poco trasciende sobre los colapsos logísticos que sufre esta economía recalentada a la cual la infraestructura no logra alcanzar.

Los barcos no se están deteniendo en el transitado puerto de Santos y la carga que debían dejar allí la bajan en Montevideo o en Buenos Aires. Y esto es porque los barcos, esperando, pierden plata. Lo mismo que los camiones que deben hacer kilómetros de cola para llegar al puerto: cobran por viaje, y si la rotación incluye pocos viajes, los ingresos son bajos.

Esta situación se repite en el mundo en desarrollo, y es una crisis de crecimiento. Recientemente, el gobierno peruano calculó que los sobrecostos logísticos implican una pérdida de 400 millones de dólares.

Un sobrecosto en la exportación le quita competitividad a ese producto y lo encarece en terceros mercados. En la importación, lo sufre el consumidor pagando más de lo necesario.

Para que la cadena logística fluya, y los servicios intermedios (despacho de aduanas, transporte, almacenamiento) tengan precios competitivos porque su renta estará en el volumen –y no en la saturación de la cadena- son los Gobiernos los que deben tomar la decisión política de priorizar la logística en sus agendas, informatizar sus reparticiones y simplificar la burocracia del comercio exterior.

Estas medidas, de corto plazo, deben suponer además una estrategia de “canales” para agilizar y dar vía rápida con infraestructura adecuada a las mercaderías que entran y salen de los países.

Por ejemplo, en la Argentina, duerme desde 1998 en los cajones de los escritorios de los despachos del Congreso el Proyecto Laura, un programa de modernización de la infraestructura del transporte terrestre que contempla la necesidad (y las ventajas conexas) de construir 13.500 kilómetros de autopistas inteligentes, libres de peajes, hasta 2020, a razón de 1300 kilómetros por año (hoy se hacen 26 kilómetros anuales).

Algunos de los beneficios: 20% de ahorro de flete; un 30% menos de tiempo de tránsito de camiones a partir de la posibilidad de utilizar bitrenes (camiones con 150 toneladas de capacidad); ahorro de 500 millones de dólares sólo para la producción agrícola.

Y la pregunta es la misma que surge ante las grandes revoluciones estructurales que enfrentan las administraciones públicas: ¿Cuál es el costo de no hacerlo?

miércoles, 4 de agosto de 2010

Desafíos logísticos en Brasil

Brasil, como China e India, atraviesa por una “crisis de crecimiento”. Enfrenta una serie de problemas y desafíos propios de una potencia que emerge.

Los tres países sufren de un mismo mal: el desarrollo de sus infraestructuras logísticas avanza a un paso mucho más lento de lo que lo hace su comercio exterior.

Y es común ver en los tres serias congestiones en los nodos logísticos críticos de las operaciones de comercio internacional.

Por caso, no pocas líneas marítimas plantean cargos extras (que imponen) en puertos con alto movimiento. Y esto es porque para los buques, que son verdaderas economías de escala, estar detenidos, o parados, equivale a perder plata. Son unidades económicas que generar plata cuando se mueven.

Pero pasa en los puertos, y en los aeropuertos también. Recientemente, se hizo pública la noticia de que el aumento exponencial de las importaciones por vía aérea en el principal aeropuerto del país (Guarulhos, en San Pablo) dejó en evidencia una vez más el déficit estructural de la falta de espacios de bodega, incluso refrigeradas, que ralentizan toda la cadena logística.

Y en logística, una demora en tiempos significa un aumento de los costos. Y todo aumento de costos se traslada: en el caso del importador, al consumidor final (aunque se trate de un repuesto de una máquina, todo lo termina pagando el consumidor); y en el caso del exportador, en menores márgenes de rentabilidad y en un activo invaluable en el comercio: la confiabilidad por parte de sus clientes en el exterior.

Para darse una idea, en San Pablo, el costo del almacenamiento (y la amenaza siempre latente de la pérdida de mercaderías) equivale al 1% del valor de la mercadería importada por un plazo de cinco días, y es progresivo.

Cabe recordar que las operaciones por vía aérea, por la naturaleza del modo de transporte, incluyen a las mercaderías críticas en un doble sentido: tienen un altísimo valor unitario y/o son críticas en la línea de montaje o producción de una industria particular.

La velocidad de todos los andariveles logísticos debe ser pareja. De lo contrario, la ineficiencia se hace presente, y con ella, mayores costos y dolores de cabeza.

viernes, 16 de julio de 2010

Los puertos de la región buscan mejorar su infraestructura

Numerosos puertos latinoamericanos están realizando fuertes inversiones para dragar sus accesos y lograr así mayor profundidad para los buques de más calado, es decir, barcos más grandes y de mayor capacidad de carga.

Los puertos siguen la tendencia mundial de la industria naviera: construir buques de más tamaño para lograr una mejor economía de escala que consiste en transportar más contenedores en un mismo viaje.

Los puertos –léase la entrada y salida del comercio exterior de un país- no tienen opción tampoco. Si no se ajustan a los que proveen el servicio de transporte corren el riesgo de transformarse en puertos menores, “servidos” con barcos más chicos y obligados a un transbordo para que las cargas lleguen a destino, en el caso de la exportación, o lleguen al país con una escala adicional, en el caso de la importación.

Más escalas son más costos logísticos. Y todo se traslada a la carga: el producto de exportación y el de importación se encarecen. Cabe recordar que en la mayoría de los países latinoamericanos, más del 90% de su comercio exterior se realiza por vía marítima.

Brasil es uno de los países con mayor déficit en logística portuaria. Para revertirlo, el presidente Lula da Silva creó primero una Secretaría Especial de Puertos, que dependía directamente de él, y luego elevó su rango a Ministerio de Puertos.

Los puertos brasileños están considerados dentro del millonario Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), que está en su segunda fase, y consta de 800.000 millones de dólares para invertir en infraestructura.

Sepetiba, Santos, Paranaguá, Itajaí-Navegantes, Itapoá y Río Grande, son los principales puertos de Brasil que ya tienen un calado a 16 metros, suficiente como para recibir barcos de más de 7000 TEU (unidad de medida equivalente a un contenedor de 20 pies).

Uruguay también comprendió que los costos logísticos son una condición de éxito del comercio exterior, y busca convertir al país en una plataforma de servicio a las cargas con sede en Montevideo. Hoy, más del 50% de los contenedores que se mueven en las terminales de Montevideo son cargas argentinas que realizan allí transbordo a buques más grande rumbo al destino final de exportación.

Montevideo ya llegó a los 12 metros de profundidad, pero apunta a los 14 metros. Buenos Aires, en tanto, tiene 10 metros.

Recientemente, la Administración Nacional de Puertos (ANP) del Uruguay anunció que entre sus prioridades se encuentra la construcción de un puerto de aguas profundas (que necesitan poca acción de dragado) en el departamento de Rocha.

Puertos del Pacífico

Los puertos del Pacífico, en la jerga, los de la Costa Oeste de América del Sur, también buscan mejorar su infraestructura en una carrera que busca tentar a las navieras que vienen de Asia para transformarse en las puertas de entrada a América latina de las mercaderías chinas, principalmente.

En Perú, por ejemplo, el puerto del Callao, concesionado a la empresa árabe Dubai Ports World, estaría culminando una ampliación de su capacidad con la inauguración del muelle sur.

Las inversiones superaron los US$ 450 millones y se concentraron en la construcción de 2 muelles de atraque con 6 grúas pórtico (las que cargan y descargan los contenedores de los barcos). Esto equivale a duplicar la capacidad total del Callao, el puerto más importante del Perú, que espera mover 850.000 TEU en 2012.

Por su parte, Colombia elaboró un plan a 12 años para mejorar su estructura portuaria y reducir así sus costos logísticos.

Los puertos colombianos de mayor movimiento están, sin embargo, ubicado sobre la margen caribeña del país, y son los de Santa Marta, Barranquilla y Cartagena. Pero la terminal pacífica de Buenaventura es la que se posicionó como puerto multipropósito del país, con capacidad para operar un múltiple rango de mercaderías.

La Sociedad Portuaria de Buenaventura instrumentó un plan maestro a 20 años que contempla inversiones superiores a los US$ 450 millones entre infraestructura, instalaciones, maquinaria y dragado. El proyecto prevé dejar al puerto con un calado de 12 metros y 12 grúas operando

jueves, 1 de julio de 2010

El potencial minero de Bolivia

Junto con sus reservas de gas, Bolivia apuesta fuerte a una de las commodities industriales por excelencia: el mineral de hierro, que es a la construcción lo que la soja a la industria alimenticia.

Una de las principales empresas mundiales que se dedican a su extracción, la minera india Jinjal, está presente en los yacimientos de Mutún., en Santa Cruz de la Sierra.

Evo Morales, presidente de Bolivia, tomó a la industria como política de Estado y pretende explotar parte de esos yacimientos con su par venezolano, Hugo Chávez. Ambos países negocian los términos de una explotación y comercialización conjunta.

Los yacimientos de Mutún - cuya explotación se divide en partes iguales entre la india Jindal y el Estado boliviano- albergan nada menos que 40.000 millones de toneladas de minerales. que van desde el hierro hasta el estaño, el cobre, la plata, el cloruro de potasio, fósforo y el zinc.

Pero el mandatario boliviano se ilusiona con la posibilidad de que existan reservas de oro en la mina. Y no deja de analizar las ofertas que llegan desde China y Australia para meter mano en los yacimientos minerales vírgenes del Mutún.

Sobre todo porque las cosas no están bien con la concesionaria india, cuyos compromisos de inversión para el trienio 2008-2010 estuvieron lejos de lo asumido: poco más de 12 millones de dólares de los 600 millones prometidos.

Sucede que los puertos fluviales bolivianos hasta ahora han trabajado con commodities agrícolas, de operación parecida pero no igual a la de los minerales.

Todo un llamado de atención para la comunidad portuaria y del transporte fluvial -léase hidrovía Paraná-Paraguay- ante un potencial que pugna por mostrase en los cerros bolivianos.